martes, 10 de noviembre de 2015

RUIDERA



 «Tendieron don Quijote y Sancho la vista por todas partes: vieron el mar, hasta entonces dellos no visto; parecióles espaciosísimo y largo, harto más que las lagunas de Ruidera, que en la Mancha habían visto...»

La belleza del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera inspiró a Cervantes en la escritura de El Quijote. El famoso hidalgo comparó en uno de sus episodios este oasis con el mar Mediterráneo.

 Las aguas caídas sobre el campo de Montiel se infiltran en el acuífero 24 que tiene su rebosadero natural en esta zona, dando lugar al nacimiento del Guadiana Alto o Río Pinilla. Estas aguas, extraordinariamente ricas en carbonatos, a lo largo de miles de años de precipitación, han formado impresionantes barreras (presas naturales), que dan lugar a espectaculares cascadas entre una laguna y otra.

 Forman el Parque Natural un conjunto de quince remansos fluviales, de gran belleza, a lo largo del valle del río Pinilla o Guadiana Viejo, separados y conectados entre sí por barreras de formación tobácea o travertino. La diferencia de altura entre ellos hace que el agua discurra por arroyos, cascadas y saltos, de una a otra laguna. Las lagunas que lo forman son:

  • Laguna Blanca.
  • Laguna Conceja.
  • Laguna Tomilla.
  • Laguna Tinaja.
  • Laguna San Pedra.
  • Laguna Redondilla.
  • Laguna Lengua.
  • Laguna Salvadora. 
  • Laguna Batana.
  • Laguna Santo Morcillo.
  • Laguna Colgada.
  • Laguna del Rey.
  • Laguna cueva Morenilla.
  • Laguna Coladilla.
  • Laguna Cenagosa.

En este idílico paisaje nos encontramos la Cueva de Montesinos, famosa por ser el escenario en el que transcurre uno de episodios de la obra de Cervantes, esta cavidad de origen kárstico está situada en uno de los puntos más altos del Parque Natural, a seis kilómetros de Ossa de Montiel y 14 del pequeño pueblo de Ruidera.  Al fondo de la oscura caverna, poblada por multitud de murciélagos que cuelgan de sus húmedos techos, hay un manantial de agua formado por las filtraciones de las lluvias. Grandes bloques de piedra obstruyen parcialmente la entrada a la gruta. A partir de la mitad de la cueva encontramos la zona más amplia, bautizada como La Gran Sala. No quedan en su interior señales de arte rupestre, pero sin embargo han sido hallados restos de útiles que evidencian la actividad humana desde tiempos remotos. Tras caminar por sus entrañas durante aproximadamente media hora, volveremos a dejarnos encandilar por tímidos rayos de luz que nos indican el fin de la visita.




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